Sacando a relucir la exótica belleza del ratán
Los muebles de ratán son populares al aire libre, en una terraza o en un jardín, pero también dentro de la casa. Son a la vez estéticos y robustos, y encuentran su lugar perfectamente en diferentes estancias. Desafortunadamente, como sus piezas están hechas de materiales ligeros y elegantes, los muebles de ratán son frágiles y pueden dañarse rápidamente. A continuación se ofrecen algunos consejos de limpieza que le permitirán mantener adecuadamente sus muebles de ratán.
Limpia tus muebles de ratán con bicarbonato de sodio
Es la receta de una abuela imparable para revivir un sillón, una mecedora o un sofá de ratán para exteriores. Ponga cuatro cucharadas de bicarbonato de sodio en un litro de agua tibia. Impregna la esponja con este líquido y frota tus muebles. Luego enjuague con agua limpia antes de permitir que todos sus muebles se sequen al aire, asegurándose de que no estén expuestos al sol. Puede reemplazar el bicarbonato de sodio con cristales de sodio, agua con limón o agua con jabón.
Devolviendo la vida a los muebles de ratán deslustrado
Si tu mueble de ratán está manchado, puedes darle una segunda juventud usando un paño empapado en agua fría mezclado con peróxido de hidrógeno o una mezcla de aceite de linaza y aceite de trementina, que nutrirá profundamente tu mueble mientras lo hace brillar. Para deshacerse de las manchas de humedad, el amoníaco diluido será formidable contra las bacterias y no dañará sus muebles a diferencia de los detergentes. Para proteger sus asientos de ratán de los estragos del tiempo, recuerde barnizarlos una vez limpios y recuerde desempolvarlos con regularidad.
Aceite de linaza para evitar el chirrido de sus muebles de ratán
Le recomendamos que mantenga una silla de ratán cada dos meses para que las fibras naturales no se empañen y se sequen. Si es así, sus muebles pueden comenzar a chirriar. ¿La solución a los chirridos? Alimente el ratán con una receta a base de aceite de linaza. En un recipiente, mezcle medio vaso de este aceite con un litro de agua caliente y una cucharada de trementina. Remoja una esponja en esta mezcla, luego frota los muebles antes de enjuagarlos con agua. ¡Adiós chillidos!